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miércoles, 21 de mayo de 2008

Benito Juárez



Instalaciones abandonadas






El parque






Parque de las águilas






Parque de las águilas






Parque de las águilas






parque de las águilas






Las siguientes fotografías fueron tomadas en el mes de mayo de 2008





Aquí en el parque de las águilas, aunque siempre hay personas encargadas de limpiar el parque y mantener las áreas verdes en buen estado, le hace falta inversión para tener juegos adecuados e instalaciones dignas, quitar los cercos o remaches de puas e instalar y mantener baños abiertos y limpios, para que lasfamilias, puedan visitar el parque con mayor comodidad y pasar momentos agradables en un lugar seguro.

sábado, 16 de febrero de 2008

La promesa

Al cruzar un parque oscuro hace ya más de dos décadas, yo y mis hermanas escuchamos a una mujer gritar entre lágrimas: “Tu y todo el mundo se van a arrepentir, lo juro por Dios…!”. Junto a ella en la penumbra distinguimos a quien seguramente era su amado, un joven que sin éxito se esforzaba por tranquilizarla y controlar la agitación de brazos y palabras.

En la soledad nocturna de aquel parque contiguo a la Calzada de las Águilas, de inmediato nos percatamos que nosotras éramos las únicas espectadoras de la escena, y como queriendo escapar de la fuerza de tal juramento mis hermanas y yo caminamos presurosas. Al aproximarnos a la orilla del parque y salir de el los reclamos se hicieron cada vez más silenciosos, pero después de aquella noche la imagen dolorida de la joven se repitió incesante en mi memoria.

En el fondo creía que por haberla escuchado sus palabras alcanzarían una mayor dimensión y tanto yo como su novio y por supuesto -todo el mundo-, realmente nos arrepentiríamos de algo, aunque no sabía a ciencia cierta de qué. Antes de aquel día en el parque ensenadense vigilado por el busto de Benito Juárez, en asuntos del corazón sólo habíamos presenciado cortejos y fragmentos de escenas amorosas resguardadas por antiguos eucaliptos.

Transcurridos los días y los años, entre la hierba y el rechinar de los columpios no volvimos a escuchar palabras de desamor y ahora el eco que prevalece en mis recuerdos es el de los parques como un lugar para “bien quererse”, más allá de cualquier promesa.